Desde bien pequeña sabía quería ayudar, de alguna forma, a otras personas. Mi punto fuerte es la conexión emocional con los niños. Me acuerdo, cuando los observaba detenidamente en las aulas, que algunos se mostraban frustrados, enfadados o tristes y se me encogía el corazón. Por ello, y para ser libre con mi propio método, decidí emprender mi camino para ayudarles a aprender, a sentirse mejor y a sacar lo mejor que llevan dentro. También fui de voluntaria a Senegal, donde pude entrar en las escuelas y orfanatos para jugar y cantar canciones a los niños.
Me apasiona descubrir todo su potencial, despertar su entusiasmo y poner el foco en sus habilidades para crecer. Esa vocación también me viene también de familia, pues mi gran maestro fue mi abuelo, un profesor universitario que confiaba mucho en mí, me orientaba y me encantaba cómo me explicaba todos sus conocimientos. Todo ello me condujo a saber en quién quería convertirme: una guía para los niños y sus familiares.
Mi lema favorito es el siguiente:
“Los niños no son cuadernos de colores para que los puedas pintar del color que te gustaría”.
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